March 30, 2006
Un
total de 53.225 hectáreas de maíz modificado genéticamente (MG)
han sido cultivadas en 2005 en España, según se desprende de un
dossier técnico sobre el maíz que acaba de publicar el
Departament d’Agricultura, Ramaderia i Pesca de la Generalitat
de Catalunya, en el que incorpora datos del
Institut de Recerca
i Tecnologia Agroalimentàries (IRTA) sobre las variedades
modificadas genéticamente de este cultivo y sobre la
coexistencia del maíz convencional y transgénico.
En
el conjunto de los cuatro ensayos que recoge el informe,
realizados durante 2004 y 2005 en zonas del regadío de Lleida y
del litoral de Girona, con problemas de plagas de taladro, se
observa una “diferencia significativa” entre el rendimiento de
variedades transgénicas en comparación con sus isogénicas
convencionales. La producción de las variedades MG supera como
media a sus isogénicas convencionales en 1.055 kilogramos por
hectárea. Sin embargo, otras variedades convencionales han
mostrado producciones que no difieren significativamente de las
transgénicas.
Por
otra parte, las variedades MG que presentan resistencia al
taladro presentaron, en estos estudios, un 83% menos de
fumonisinas (micotoxinas) que sus isogénicas convencionales y,
además, se encuentran más protegidas contra la aparición de
podredumbre en la base de los tallos, roturas y ataques de
hongos en los granos. Asimismo han mostrado una mayor humedad
del grano durante la cosecha.
En
el informe publicado por el Departament d’Agricultura, Ramaderia
i Pesca catalán se confirma el 95% de eficacia para el control
de taladros en cinco variedades de maíz Bt ensayadas. Resalta
que las dos variedades transgénicas con mayor difusión en esta
comunidad autónoma incorporan la modificación genética MON 810.
Durante el año 2005, el 95% de la superficie de maíz MG ha
correspondido a esta modificación, mientras que sólo un 5%
correspondieron a la CG00256-176. Aunque en campañas anteriores
estaban autorizadas las variedades que contenían esta última
modificación, han sido recientemente excluidas del Registro de
Variedades Comerciales.
Otro
de los agentes que se deben tener en cuenta para tratar la
coexistencia de cultivos es el del flujo de polen y la dirección
de los vientos. En este sentido, las investigaciones del IRTA
realizadas en condiciones reales de coexistencia señalan que una
distancia de seguridad (zona-tampón) de entre 15 y 20 metros de
anchura y sembrada con variedades no transgénicas sería
suficiente para que la presencia de granos Bt (modificados
genéticamente) en las cosechas de los campos vecinos se mantenga
por debajo del umbral del 0,9% de presencia accidental de OMGs
que les obligaría a etiquetarlo como transgénico.
Las
investigaciones en materia de coexistencia de cultivos continúan
a día de hoy, y los científicos del IRTA están preparando los
resultados de un ensayo en el que desean comprobar si el flujo
de genes se podría controlar mejor haciendo disminuir la
coincidencia de la floración de las plantas MG y no MG. Aunque
los resultados son aún provisionales, se observa que una
diferencia de tres semanas en siembras tempranas produce
solamente una diferencia en la floración de unos tres días,
mientras que en siembras tardías, la diferencia en la floración
ya es de 10 días, suficiente para minimizar el flujo de genes.
El
estudio completo se ha publicado en
www.ruralcat.net
Más
información sobre el estudio:
Joan Serra / Quima Messeguer
Institut de Recerca
i Tecnologia Agroalimentàries (IRTA)
Teléfono: (93) 750-75-11 |