Madrid, Spain
August 6, 2003
Españoles y británicos son los únicos ciudadanos europeos que no
valoran de forma negativa la modificación genética de plantas.
Este es uno de los datos más destacados de la encuesta sobre
percepción de la Biotecnología realizada por la Fundación BBVA
en nueve países europeos, que constata que la sociedad española
valora cada vez más el progreso a pesar de que el nivel de
conocimientos científicos es bajo.
El
rechazo a los transgénicos se produce sobre todo porque los
europeos perciben que 'los alimentos genéticamente modificados
son innecesarios' y el consumo de estos alimentos 'producirá
enfermedades muy graves', de lo cual se deduce que al público
europeo 'no ha llegado la idea de que estos alimentos son
sanos', y que 'no ve existan motivos que justifiquen la
modificación genética'.
Las reservas de los europeos respecto a la aplicación de la
Biotecnología a la agricultura y la alimentación no son
estrictamente de carácter moral, sino que se vinculan con una
percepción de muy baja utilidad y alto nivel de riesgo.
Atendiendo a un análisis coste-beneficio se puede clasificar a
los 9 países europeos en dos grupos:
-
Países críticos, en los que sobresale la
percepción negativa: Francia (el 45% considera que los
perjuicios serán mayores que los beneficios), Italia (42%),
Austria (41%) y Alemania (37%).
-
Países en los que las posiciones aparecen muy
polarizadas: Holanda, Dinamarca, España y Reino Unido, figuran
en este grupo. El segmento de españoles que percibe que los
perjuicios son mayores que los beneficios es exactamente igual
al que considera que los beneficios son mayores que los
perjuicios (29.3%).
-
Es importante destacar la alta tasa de no
respuesta en general, especialmente en el Reino Unido y
Polonia.
En
la actualidad, la falta de identificación de beneficios
concretos derivados de los alimentos genéticamente modificados
resulta claramente perceptible. Por otra parte, en seis de nueve
países, el porcentaje de individuos que no tienen una posición
en este tema supera el 18%. Junto a la ausencia de
identificación de beneficios convive -aunque con menor
intensidad- una 'percepción de riesgos' para la salud.
La
valoración comparativa de los alimentos genéticamente
modificados en relación a los alimentos orgánicos y a los
convencionales arroja un panorama en el cual los primeros no
logran apropiarse de ningún diferencial positivo. Los alimentos
que aparecen con un mejor posicionamiento de imagen son los
orgánicos: la mayoría de la población les atribuye las
propiedades de ser más sanos, más sabrosos y menos perjudiciales
para el medio ambiente. Los convencionales, por su parte, logran
una mayor asociación con la idea de menor precio. En este
contexto, los alimentos genéticamente modificados aparecen ante
los consumidores europeos carentes de características valoradas
favorablemente.
Aceptación y predisposición de consumo de tomates genéticamente
modificados
El examen de una aplicación concreta, la producción y consumo de
tomates genéticamente modificados, suscita valoraciones
consistentes con la pauta negativa acabada de expresar. Pero es
interesante ver que el nivel de desaprobación presenta matices
significativos según el objetivo de la aplicación. Mientras que
se rechaza de manera clara su manipulación genética para el
logro de atributos considerados triviales
como su color, la respuesta mejora algo cuando se trata de
alargar su duración o mejorar sus propiedades nutricionales. En
el caso de España, la modificación genética de tomates para
hacerlos más nutritivos o alargar su vida es valorada con un
media de 4 sobre 10 puntos, mientras que la aplicación de tal
técnica para conseguir un color más atractivo sólo obtiene una
valoración media de 2 puntos.
El
segmento de la población dispuesto a comer este tipo de
alimentos es bastante similar -entre un 10 y un 30% según cada
país- al porcentaje de quienes se manifiestan a favor de la
producción de los mismos para mejorar sus propiedades
nutricionales o para alargar la vida del producto. La seguridad
que puede ofrecer la comunidad científica, garantizando la
ausencia de riesgos para la salud, mejora la predisposición en
aproximadamente 1 de cada 10 individuos reacios a consumir estos
alimentos.
La información y la expectativa del etiquetado
Una proporción importante de los europeos se reconoce
insuficientemente informado para tomar una decisión acerca de
los alimentos modificados genéticamente, si bien la mayor parte
se declara dispuesto a realizar un mayor esfuerzo por
informarse. El nivel de conocimiento científico elemental sobre
los alimentos genéticamente modificados es muy limitado, y ello
es uno de los factores fundamentales de la abultada percepción
de los riesgos que, se supone, conlleva su consumo.
La
población europea demanda la identificación con etiquetas de
estos alimentos para poder decidir sobre su consumo.
Mapa de posturas según países
En términos generales, el mapa de posicionamiento de los nueve
países europeos respecto a los alimentos genéticamente
modificados puede dividirse en dos grandes sectores:
-
El de los países más críticos: Italia,
Alemania,
Austria, Francia y Polonia
-
El de los países más permeables: Holanda,
Dinamarca, Reino Unido y España
Es
importante destacar que en todos los países el nivel de
polarización de las opiniones es muy significativo, algo que
destaca de manera especial en el caso de Dinamarca. Por otra
parte, el nivel de cristalización de las posiciones en el Reino
Unido, España y Polonia es menor que en el resto de los países
(siendo más alto el porcentaje de no respuesta y de posiciones
intermedias). Reino Unido y España se sitúan en posiciones
cercanas a las de los países más favorables, en tanto que
Polonia lo hace respecto a los más críticos.
También a propósito de esta problemática, y consistentemente con
los datos previos del Eurobarómetro de la Comisión Europea,
España destaca por su mayor permeabilidad.
La encuesta de la Fundación BBVA se ocupa también de la opinión
de los europeos acerca de la investigación con células
troncales.
Fuente de la información: Fundación BBVA y EFEAGRO |